miércoles, 3 de octubre de 2007

ALTER EGO [3]

foto by die-6
Hacía muchos años que no pasaba por aquella zona. Aquel barrio, debeis saberlo, tenía una magia especial para mi. Tal vez, por eso, sucedió allí. De hecho, ahora lo escribo con la sensación de que igual no sucedió o de que fue como un paréntesis fuera de lugar en la frase de mi vida.
Apenas clareaba y nos dirigíamos con un amigo, en su moto, a las afueras de la ciudad y recorríamos aquellas calles que, en otros tiempos, me fueron tan familiares. En cada esquina, un recuerdo.
La luz velada del amanecer acompañaba a la melancolía y la velocidad en la moto alentaba la nostalgia del tiempo que pasó. Tan deprisa. En cada esquina, un recuerdo.
En estas ensoñaciones andaba mi alma, cuando al enfilar la avenida principal que corre paralela a las vías del tren, ví pasar a un individuo que me resultó familiar.
Emití un grito seco y un aspaviento para indicarle a mi amigo que frenara y bajándome atropelladamente de la moto, le pedí que me esperara; aquel individuo no era otro que yo mismo ¡ mucho más joven!
Sin apenas tiempo para pensar en los motivos de aquella extraña situación, me puse a correr hacia él, sobre el asfalto aún rojizo por los primeros rayos de sol, gritándole por mi propio nombre:
-Tomás!
Con aire taciturno, el giró la cabeza y me miró. Su expresión fue mutando y hasta pareció reconocerme por un momento pero cuando llegué a su lado, apenas sin aliento me preguntó con aire insolente:
- ¿ Quién eres ?
Recordé entonces que todavía llevaba el casco puesto, me lo quité y le desafié con la mirada como diciendo: “ ¿ quién crees que soy ? “
Se frotó los ojos entre adormecido e incrédulo e interrogó mi, nuestro, nombre:
- ¿ Tomás ?
- Si, Tomás, el mismo. Tu trasunto en el siglo XXI. No me digas cómo pero parece que se ha abierto una puerta en el tiempo y nos hemos encontrado. ¿ Cómo lo llevas ?
- Abbrr...bueno...ostias...joder...de verdad ? Bien, bueno...lo llevo...ostias! Veo que sigues igual de flaco, joder, bueno seguimos, bueno, no sé... ostias...
Lo observé con cariño mientras él agitaba la cabeza de lado a lado buscando respuestas en los edificios, en los coches, en las pocas personas que pasaban, en el sol que ya empezaba a despuntar. En cada esquina, una vivencia.
Sin cruzar ninguna palabra más, nos pusimos a andar en la misma dirección, el mismo gesto al andar, un poco más desgarbado el suyo. Anduvimos un rato así en silencio. En cada esquina una vivencia para él. En cada esquina un recuerdo para mí.
- Cómo sé que tú...mmm...eres...yo? –dijo tras un buen rato.
- Pregunta, hombre.
- Qué hago aquí a estas horas? De dónde crees que vengo?
- No tengo ninguna duda de que debes venir de casa de Sandra, me equivoco? Probablemente habréis estado despiertos toda la noche, hablando, riendo, follando, posiblemente en la terraza, tumbados en un colchón raído. Su familia durmiendo o trabajando. La tuya, la nuestra no te espera. Debía llegar alguno de sus hermanos a primera hora de la mañana y te has marchado, voy bien?
- Si, si... sólo tú puedes saber eso y...hostias...la verdad es que no sé que decirte, no sé si quiero saber cosas sobre ti, sobre mi, sobre lo que nos ocurrirá o no...
Tomás de entonces no lleva ya las gafas, (creía recordar que si), viste una horrible camisa estampada de color morado y unos pantalones de pinzas, deportivas de marca muy de la época, el pelo desordenado hacia atrás, la cara llena de acné. Está cansado de trasnochar pero en sus ojos brillan las antorchas de futuros soñados. Yo tampoco sé si decirle nada. Probablemente no lo merezca. Merece encontrarse con el conjunto de infortunios y alegrías que le esperan por si solo. Casi mejor que pregunte yo:
- Qué lees?
- Acabo de terminar “Trópico de Cáncer” de Miller, me ha encantado
- No me extraña, es grande. Has escrito algo últimamente?
- Dímelo tu, quiero saber que recuerdas...
Dudo por un momento, tengo miedo de avanzarme, se me mezclan las épocas. No quiero adelantarle nada, nada grave al menos. Seguimos paseando. En cada esquina una vivencia, un recuerdo.
- Mmm...déjame pensar, probablemente “Santuario”, un poema en tres partes inspirado en Aute, si?
- Sí, si, lo tengo en borrador. Que tal tú? Has...he seguido escribiendo?
- Si, aunque últimamente no ando muy inspirado, algunos textos se convirtieron en canciones...
Ay, ay, ay. Se me va la lengua.
- ¿ En canciones ? ¿ De qué ? ¿ Vives de ello ?
Le digo que lo dejemos estar. Él apenas se inmuta, no creo que en el fondo quiera saber. Le pregunto por los estudios, me dice que los lleva mal, que piensa en dejarlos, que Sandra le roba mucho tiempo, que necesita dinero para los caprichos de ella, para las cervezas, para salir con los amigos. No sabe qué hacer. No parece muy entusiasmado con Sandra, probablemente esté a punto de suceder.
Me muerdo la lengua de nuevo para no recomendarle que siga estudiando o se arrepentirá, que se olvide de Sandra, que habrá otras mujeres menos dañinas en su vida. Y, sobre todas, una, la más importante. Mejor no digo nada. Me da miedo desaparecer como por encanto. No tengo ni idea de qué puerta hemos abierto para encontrarnos. Si cambio su destino, igual desaparezco. Si cambio su destino, igual muero, igual ni siquiera puedo contaros esto.
Si me permito chivarle que lea a Cioran, al fin y al cabo, los libros están en casa y no tardará mucho en cogerlos, le aconsejo que haga deporte, que deje de fumar, no está de más. Me muero de ganas de advertirle sobre Sandra, avisarle del momento exacto en que va a ocurrir, para que pueda preverlo. Pero no debo, las mujeres son enigmas merecidos que nos toca descifrar. No le voy a privar de esa experiencia. Tampoco lo hice tan mal. Y pude salvarla.
A lo lejos diviso a mi amigo en la moto, esperándome, como una señal inequívoca de que aquella puerta va a cerrarse, de que debo regresar. Le agarro por el hombro:
- Debo marcharme. Cuídate mucho
- Sí, tu también. Procuraré comer más a ver si engordo un poco, ja, ja. Por cierto, me acordaré de que nos vimos?
- Pues creo que no. Yo no recordaba nada. No sé a partir de hoy. De todos modos, hay puertas que al cerrarse no dejan resquicio.
- Que bien hablas, hostias! Me gusta!
Nos abrazamos como hermanos, inmersos en la luz.
Apestas a sudor y sexo, cabrón – le espeto – Métete en la ducha y a dormirla.
- Si, claro, claro, que te jodan!
Le veo desaparecer en la boca del metro, como tragado por el espíritu del tiempo. Tras su estela, se dibujan futuros que sólo yo conozco. En su rumbo está mi sino. Mejor que sea así. Para bien y para mal. Sólo hay una cosa que me hubiera gustado alterar pero tampoco hubiera sabido cómo.
El asfalto se derrite bajo el sol y escupe una bruma borrosa que me adormece. Abandonamos el barrio que me vio crecer. En cada esquina, un recuerdo. La carretera tiene líneas: a ratos son continuas y a ratos discontinuas.

2 comentarios:

david dijo...

Qué barbaridad! Y pensar que podría dedicarse utsed a escribir... muy bueno.

un extraño

Laura dijo...

Nostalgia de juventud.
Jo també el recordo aixi.
Buen relato!

MUAC